Clavo de olor

Es la flor desecada del clavero, o árbol del clavo, nativo de Indonesia. Su nombre tiene su origen en la ilustración de su forma. Indonesia y Madagascar son los principales productores, seguidos por Zanzíbar, Sri Lanka e India.Históricamente es una especia de alto precio, llegando a costar en el siglo XV, unos 7 gramos de oro por kilogramo (aproximadamente U$S 275 en nuestros días, unos $U11.500 al cambio actual). Protagoniza ampliamente la cocina india, utilizado en salsas en las regiones del Norte, y en el sur en el biryani, donde se agrega al arroz para hacerlo más sabroso. Se utiliza en poca cantidad por ser su sabor extremadamente fuerte; su uso está muy extendido por Europa y por Asia, e incluso se mezcla en cigarrillos de todo tipo y en la elaboración de inciensos y sahumerios. En nuestra cocina tradicional, se utiliza mucho para aromatizar dulces y compotas. Dentro de los remedios caseros, es un anestésico eficaz contra el dolor de dientes, sea aplicando un clavo en la zona dolorida o haciendo buches con agua previamente hervida con esta especia. El eugenol que contiene es uno de los ingredientes para la elaboración del cemento dental, y responsable de su aroma tan característico. El clavo de olor es una hierba aromática muy popular y utilizada en la cocina, pero que tiene además muchos beneficios para la salud. El clavo de olor posee propiedades antibacteriales, anestésicas, afrodisíacas, analgésicas, antiespasmódicas y estimulantes. Uno de los compuestos claves para sus capacidades medicinales es el eugenol, un compuesto que previene la coagulación de la sangre, por lo que favorece la salud cardiovascular.

En términos nutricionales, el clavo de olor contiene altos niveles de manganeso, vitamina V, magnesio, vitamina K, potasio, calcio y ácidos grasos omega-3, todos nutrientes que favorecen el funcionamiento del organismo. También contiene flavonoides que ayudan a reducir los niveles de azúcar en sangre. Esta hierba es reconocida por su poder anestésico local en tratamientos odontológicos como arreglo de caries y conductos, y para tratar dolores de muelas y molestias de encías. También se usa para eliminar hongos de los pies, aliviar dolor de cabeza y estimular la buena circulación de la sangre. A nivel mental tienen efecto estimulante, ayuda a la memoria y combate la depresión y el cansancio. Mientras que también es utilizado para tratar problemas digestivos ya que estimula las secreciones salivares y gástricas, y puede combatir casos de diarrea. Otro de sus beneficios es que sirve para evitar las nauseas, a causa de malas digestiones o de viajes largos. El clavo de olor se pude consumir tanto en polvo, como en forma de infusión o generar una pasta.

Aquí algunas recomendaciones de cómo consumirlo para obtener sus beneficios:

– Para las náuseas, tomar una mezcla de polvo de clavo de olor y miel. También alivia dolores de estómago e hinchazón estomacal
– Una infusión de 2-3 clavos de olor en agua hirviendo que repose durante 10 minutos (se puede endulzar con miel) ayuda a eliminar gases y flatulencia.
– Para dolores de cabeza preparar una pasta con cristales de sal, clavo de olor y un poco de agua y aplicar en la frente y sienes.
– Para el dolor dental, aplicar una solución de ¼ cucharadita de aceite de oliva con una gota de aceite de clavo de olor en el diente o muela infectado.
– Para dolor de encías o dientes en general, aplicar y frotar polvo de clavo de olor, o humedecer una mota de algodón en aceite de clavo de olor y colocando en la zona dolorida: generará un efecto de anestesia.
– Para los mareos en viaje, especialmente en lugares de gran altura, beber una infusión de un litro de agua con 1 cucharadita de clavo de olor.

Mermelada de tomate y clavo de olor

 

Ingredientes

 

  • 3 kilos de tomates pera maduros (1’9 kilo limpios)
  • 540 gramos de azúcar
  • 400 gramos de jalea de manzana
  • zumo de 1 limón
  • 5 o 6 clavos de olor.

Elaboración

Además de preparar los ingredientes, necesitareis algunos materiales: tres botes de 250 ml de capacidad, y uno pequeñito, una cacerola con el fondo grueso, un cuchillo bien afilado, una báscula, un exprimidor, una cuchara, un cazo de servir pequeño, un plato para la pieles y una fuente amplia para macerar la mezcla.

Para empezar, pelar los tomates, abrirlos, quitar las semillas y cortar en pequeñas tiras. Mezclar con el azúcar y dejar macerar durante al menos una hora, para reblandecerlos.

Colocar el tomate en una olla con el fondo grueso, junto con la jalea de manzana, el zumo de un limón y los clavos, y mantener a fuego fuerte durante 30 minutos, para que reduzca rápido. No le quites el ojo de encima y remueve de vez en cuando, para que no se agarre.

Cuando haya reducido, bajar la temperatura del fuego y remover continuamente hasta que quede con la consistencia que deseamos. A mi, en esta ocasión me llevó otros 30 minutos y la mezcla llegó a la temperatura de 110º C.

Esterilizar los botes (poniéndolos a hervir, durante 12 minutos en mi caso, desde agua fría) junto con las tapas. Rellenar los botes templados con la mermelada de tomate caliente (para evitar que el cristal estalle por el calor) procurando no manchar los bordes del bote, tapar y dejar enfriar boca abajo durante 24 horas.

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